Automatizaciones y escenarios
Las cosas que repites siempre igual las puede hacer la casa sola: encender el termo antes de que llegue alguien, apagarlo todo cuando se va, cerrar la verja a medianoche.
El problema de siempre
Quien lleva una casa que va y viene se pasa media vida haciendo gestos minúsculos y siempre iguales: encender, apagar, comprobar si alguien se ha dejado la luz puesta. Ninguno de esos gestos cuesta nada. Lo que cansa es la suma, y sobre todo la posibilidad de olvidarse: el termo encendido tres días para nada lo pagas en la factura.
Qué es, en la práctica
Una automatización, en Roraima, es una fila de acciones con una condición delante. Se lee como una frase: cuando pase esto, haz esto otro. Las acciones son las de tus dispositivos compatibles, encender, apagar, abrir, poner una temperatura, y pueden afectar a varios dispositivos a la vez, incluso con una pausa en medio si hace falta.
El ejemplo clásico de un alquiler: media hora antes de la llegada se encienden la calefacción y la luz de la entrada, y al marcharse se apaga todo y la verja se vuelve a cerrar.
Qué la pone en marcha
Una hora
Todos los días a las siete, el lunes por la mañana, el último día del mes. El clásico "enciende y apaga" a hora fija.
Un dispositivo que cambia
La puerta que se abre, la temperatura que baja de un límite, un sensor que ve agua en el suelo.
Una compra
Alguien compra un servicio y la automatización arranca para él, ligada a esa reserva y a ninguna otra.
Un botón
Ninguna condición: está ahí y arranca cuando lo pulsas tú, o cuando lo pulsa el cliente desde su página.
También puedes contarla y ya está
Si montarla pieza a pieza te aburre, puedes escribirla con palabras: «cuando alguien abra la puerta después de las once de la noche, enciende la luz del pasillo durante cinco minutos». El asistente la convierte en una automatización de verdad, que tú luego relees y corriges antes de activarla. Este servicio usa los créditos incluidos en tu plan.
Lo que el asistente escribe no arranca nunca solo: se queda en propuesta hasta que eres tú quien dice que sí.
Engancharla a una reserva
En cada cosa que vendes puedes indicar dos automatizaciones: una de apertura y otra de cierre. La primera arranca cuando el acceso se activa, la segunda salta sola al final del periodo reservado, sin que nadie tenga que acordarse.
Es el punto donde el ahorro se nota: ninguna instalación se queda encendida días enteros porque el último huésped se marchó con prisas.
Pruébala antes de fiarte
Cada automatización se puede lanzar a mano para ver qué pasa de verdad, y queda escrito cada vez que ha arrancado y cómo ha ido. Si algo no ha funcionado, el motivo está ahí, no tienes que adivinarlo.
Hay también frenos puestos a propósito: una automatización no puede desencadenar otra hasta el infinito, y hay un tope de veces que puede volver a arrancar en el mismo periodo. Sirve para evitar que una regla mal escrita tenga un relé dando golpes toda la noche.
Empieza por un solo gesto
Coge lo que más veces repites y deja que lo haga ella. Lo demás viene solo, de una en una.
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