Reservas y calendario
Un solo calendario, válido para todos los sitios donde te anuncias. Las fechas ocupadas se cierran solas en todas partes, el precio cambia con la temporada y dos personas no pueden coger el mismo periodo.
El problema de siempre
Quien alquila se lo sabe de memoria: la misma habitación está a la venta en tres sitios distintos, y cada vez que alguien reserva toca correr a cerrar esas fechas en los demás. Hasta que un día, por un despiste o por unos minutos de retraso, llegan dos reservas para la misma cama. Entonces hay que cancelarle a alguien, y la cuenta la pagas tú, en dinero y en reseñas.
En Roraima el calendario es uno. Cuando una reserva se confirma, las fechas se cierran y ese cierre viaja hacia los demás canales que hayas conectado. Si es otro canal el que vende primero, esas fechas desaparecen de tu calendario de Roraima.
La conexión se hace con iCal, el formato estándar que hablan casi todos los portales de reservas. En la práctica: pegas la dirección del calendario del otro sitio dentro de Roraima, y le das a ese sitio la dirección del calendario de Roraima. A partir de ahí las fechas ocupadas viajan solas en los dos sentidos, sin que tengas que copiar nada a mano.
Dos personas, el mismo periodo
El caso más molesto es cuando dos clientes están comprando en el mismo minuto. Roraima lo trata en dos tiempos.
- En el carrito las fechas se apartan durante un cuarto de hora. Si el pago no llega en ese tiempo, se liberan solas y vuelven a estar a la venta.
- En el pago la disponibilidad se comprueba otra vez, y mientras tanto nadie puede colarse. Si alguien pagó un instante antes, la operación se detiene en lugar de crear el lío.
Es una seguridad que no tienes que acordarte de activar: vale siempre, en cualquier producto reservable.
El precio no es siempre el mismo
Una semana de agosto no vale lo que una de noviembre, y eso el calendario lo sabe. Puedes fijar un precio base y luego corregirlo para periodos enteros o para días sueltos:
Temporadas
Alta, baja, puentes y festivos: defines un periodo y el precio que quieres aplicarle, una sola vez.
Días sueltos
Un fin de semana con un evento en el pueblo, una noche que quieres vender más cara: cambias el precio de ese día y ya está.
Última hora
Si una fecha se acerca y nadie la ha cogido, puedes hacerla bajar en vez de dejarla vacía.
Bloqueos tuyos
Mantenimiento, uso personal, un fin de semana que te guardas: cierras las fechas y nadie puede reservarlas.
El cliente, por su parte, ve siempre el total ya calculado para las fechas que ha elegido, impuestos incluidos. Ninguna sorpresa a la hora de pagar.
Por noches, o por horas
No todo se vende por noches. Una sala de reuniones, una pista, un taller se venden por franjas horarias, y el calendario cambia de forma: en vez de los días muestra las horas libres de ese día.
Y con ello cambia lo demás. En una estancia tiene sentido hablar de entrada y salida; en una franja de dos horas no, y de hecho esa parte se puede quitar del todo. Lo decides producto por producto, no para todo el negocio.
Las reservas que llegan por otro camino
A veces una reserva llega por teléfono, por un conocido, o de un canal que no se conecta. Puedes meterla a mano: las fechas se cierran como todas las demás y el huésped entra en el circuito normal, con sus comunicaciones y sus códigos de acceso, aunque el pago se haya hecho fuera.
Cuando alguien cancela
Las reglas de cancelación las pones tú, y dependen de cuánto falta para la llegada: cuanto más tarde se cancela, menos se devuelve. La regla está escrita negro sobre blanco en el momento de comprar, así que el cliente sabe a qué atenerse y tú no tienes que discutirlo caso por caso.
Pon a la venta la primera fecha
Se empieza por un alojamiento o un espacio, con su calendario y su precio. Lo demás se añade cuando haga falta.
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