Coworking y oficinas

La sala de reuniones se abre para quien la ha reservado, a la hora que la ha reservado. La taquilla también. Y quien entra a las siete de la mañana no tiene que encontrar a alguien que le abra.

Un espacio de coworking con mesas, una sala de reuniones acristalada y una pared de taquillas
Cada espacio se abre solo, para quien lo ha comprado y durante el tiempo que ha comprado.

El problema de siempre

Un espacio compartido vive de pequeños conflictos. Dos personas que quieren la misma sala a la misma hora. Alguien que la ocupa veinte minutos de más y se carga la reunión siguiente. La llave de la taquilla que no vuelve. Y el horario de apertura, que decide quién puede trabajar temprano y quién no.

El calendario colgado en la pared y el cuaderno de recepción han aguantado mientras los espacios eran pocos. Con treinta personas entrando y saliendo, ya no.

Cuatro espacios: sala de reuniones, taquilla, puesto de trabajo, impresora
Salas, taquillas, puestos y máquinas: todo puede tener su horario y su precio.

Qué se vende por horas

Salas de reuniones

Calendario por franjas horarias: quien reserva de diez a doce entra de diez a doce. En las reservas hechas en Roraima no hay solapamientos.

Taquillas

Se compran por un día o por un mes y se abren desde el móvil. Ninguna llave que entregar ni que perseguir.

Puestos y despachos

Por día, por semana o por mes, con la entrada al edificio activada durante el periodo pagado.

Impresoras y máquinas

Se venden por número de veces: quien compra un paquete de impresiones tiene esas, para usar dentro del periodo indicado, y luego compra más.

Quién entra, y cuándo

El acceso al edificio se abre durante el periodo pagado, ya sea un día, una semana o un mes, y se cierra solo cuando el periodo termina.

De cada entrada queda constancia. Sirve menos para controlar a las personas y más para responder a las preguntas prácticas: quién estaba allí cuando se rompió algo, quién usó la sala el último.

Al final de la franja

Cuando la hora reservada termina arranca el proceso de cierre: puedes hacer que se apaguen las luces, el proyector y el aire acondicionado sin que nadie tenga que pensar en ello. Es la diferencia entre una sala que gasta cuando hace falta y otra que se queda encendida hasta la noche.

Qué hace falta

Una cerradura electrónica en la puerta de la sala, un relé en el portal, y las taquillas que ya tienes si admiten un mando eléctrico. Se empieza por una sola sala y se amplía cuando las cuentas salen.

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Aquella por la que más se pelean es la primera que conviene poner en el calendario.

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